
Después de haber llegado a Azores, instalarnos en el hotel y conocer a todos nuestros compañeros, esa misma primera noche tuvimos un cóctel de bienvenida. Abrimos dos vinos que habíamos traído con nosotros: uno del grupo Huentala y otro de San Juan, el Malbec Sin Límites. Los vinos circularon, se compartieron y generaron algo inmediato. A la gente le fascinaron, se armó una charla linda alrededor de eso y fue, sin duda, una muy buena forma de romper el hielo y empezar a vincularnos con el grupo.
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Ayer fue un día bastante intenso. Antes de ayer, Juan salió de San Juan hacia Mendoza en colectivo y, cuando llegó, Nicolás lo estaba esperando. Entre los dos reorganizamos el equipaje, nos despedimos de la familia de Nicolás y desde la terminal partimos en colectivo rumbo a Chile.

Antes de llegar a Azores, ya empezó la película: lista de espera, incertidumbre, la gran noticia, la alegría… y después el miedo. Después el autoboicot, la frustración, la desesperación y, obligadamente, la calma para poder empezar a tomar decisiones rápidas y eficientes. Todo el tiempo esa mezcla rara de emoción y vértigo.